Por su parte, Opening Lisboa intenta consolidarse como una de las zonas más estimulantes del recorrido. Dieciséis galerías jóvenes han sido invitadas a presentar proyectos menos previsibles, más abiertos a la experimentación y a las prácticas emergentes. Sus comisarios, Sofía Lanusse y Diogo Pinto, definen esta edición como un «campo de señales: materiales que piensan, cuerpos que traducen y geografías que oscilan entre la aparición y la disolución».
Más allá de la inevitable densidad teórica de ciertas formulaciones curatoriales, es verdad que en esta sección suelen aparecer obras, propuestas y creadores con voces interesantes. Sin embargo, pienso que, diez años después, no acaban de cumplirse totalmente estos objetivos en busca de procesos y planteamientos más frescos y arriesgados. En mi opinión, esta sección adolece de una plausible desigualdad en cuanto a sus resultados, aunque bien es cierto que hay galerías, como Heliconia Projects, Moos Fine Art, Vangar, Dialogue o Helena Rodrigues que sí que cumplen con esas expectativas.
